El fin del departamento de buenas intenciones: la revalorización de la RSC tras Covid-19

La crisis de la Covid-19 ha sacudido nuestro orden de prioridades. Dentro de las grandes organizaciones, un área acostumbrada a estar en segunda fila, al final del pasillo de la planta baja, ha pasado de pronto a ser protagonista: el departamento de RSC. 

Como un gigantesco espejo de aumento, la crisis sanitaria nos ha mostrado los pelos y las señales. Ha desvelado que es indispensable la acción de todos y cada uno de los actores sociales, y ha subrayado la responsabilidad de las empresas como parte de esa sociedad. El propósito y los valores de la empresa han pasado a ser temas fundamentales para sus clientes y, por tanto, para sus directivos. Y las miradas se han dirigido al departamento que más sabe de esta misión: RSC. Ese hasta ahora apéndice, se ha revelado como lo que siempre ha sido: un órgano fundamental cuyo impacto debe llegar hasta el último rincón de la empresa y de la marca, que debe estar presente en cada estrategia y cada proyecto. 

No se trata de un cambio radical. La Covid-19, como ya hemos dicho aquí y aquí, ha servido como acelerador de procesos que se veían, pero todavía lejos en el horizonte: transformación, conciliación, teletrabajo, etc. Dentro de esta aceleración, los departamentos de RSC e Innovación, que habían vivido (¿o sobrevivido?) a la sombra durante años, han sido los grandes protagonistas.  

Pasado el momento más agudo de la crisis sanitaria, vale la pena hacer una reflexión sobre lo sucedido en estos meses; poner en valor la respuesta inmediata de marcas y empresas a una situación inédita de emergencia. Empresas y organizaciones que centraron sus esfuerzos durante esas semanas en arrimar el hombro de la forma que fuera.

Ejemplos a seguir

Entre los ejemplos más significativos durante esta cuarentena, encontramos la acción de Decathlon, que destinó sus máscaras de buceo a centros hospitalarios para adaptarlos a los médicos. El Corte Inglés, por su parte, reconvirtió uno de sus talleres en una fábrica de mascarillas donde habitualmente se fabricaba moda.

También Gerflor Iberia, empresa líder en pavimentos vinílicos se volcó desde el principio de la crisis para aportar su granito de arena. Son una actividad esencial y colaboraron como mejor sabían: poniendo suelos aptos para uso sanitario en varios hoteles de España.  

Auara, una marca de agua natural y sostenible, donó más de 230.000 botellas de agua mineral a distintos hospitales de España para el personal y los enfermos de Coronavirus. El objetivo era minimizar los riesgos de contagio y simplificar la operativa de unos centros cada vez más saturados. Desde el hospital Gregorio Marañón grabaron este vídeo de agradecimiento:

¿Qué pasa ahora? 

Ahora encaramos otras crisis, económica y social, que desgraciadamente serán más duraderas. Y nuestra manera de enfrentarlas DEBE haber cambiado, porque de algún modo estos meses deben haber servido para poner patas arriba las cosas. 

Una de las más importantes, sin duda, tiene que ver con el lugar como actor social de las empresas: qué rol juegan, cómo se relacionan en el escenario del que forman parte, qué les mueve; en resumen, cuál es su PROPÓSITO. Para esta tarea, las áreas de comunicación e innovación deberán alinearse y alimentarse de lo que el departamento de RSC les pueda aportar, que es mucho. 

El área de RSC probablemente subirá de la planta baja para estar en un sitio más visible y mejor comunicado con el departamento de estrategia, de marketing y comunicación, y esperemos también, con el financiero.

Y, con suerte para todos, de reservorio de buenas intenciones, pasará a ser brújula de la empresa. 

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